top of page

Roberto Bernardo

Mi nombre es Roberto, soy escritor de pequeñas historias, soy de la ciudad de México tengo 28 años, estudio filosofía y actualmente estoy trabajando en un texto mayor con título "dos boletos". 

Empecé a escribir desde hace como 10 años o más, empecé con pequeñas escritos dedicados a novias y a la soledad. 

Actualmente he dejado un poco la soledad para centrarme en temas que me ayuden a comprenderme y comprender lo que hay a mí alrededor.

Pastillas

Se que muchos pensaran que lo que me pasa es algo muy normal, a esta edad o a cualquier otra edad, al principio lograba controlar el dolor tomando media pastilla, luego fue creciendo la molestia y tenía que tomar una pastilla, eso lograba calmar todo. Por unos cuantos días.

 

A veces no era tan preocupante por que como dije, lograba controlar el dolor por un par de días o incluso hasta una semana. A veces ni siquiera era necesario tomar alguna pues el dolor iba y venía tan espontáneamente que era difícil reconocerlo como dolor.

 

De un tiempo para acá, ya eran necesarias al menos de 3 a 4 pastillas por hora y aún quedaba un poco de molestia. Sé que me dirán que tenía que ir al doctor, que eso ya no era tan normal y créanme fui más de un vez en menos de una semana y el doctor siempre lo atribuyó a estrés laboral o presión psicólogico, y más de una vez me hicieron electroencefalogramas sin que encontrarán nada. Solo me quedaba aumentar más la dosis

 

Algunas veces temí mucho que fuera algún tumor o algún gusano que estuviera comiendo mi cerebro, sin embargo como ya dije, nunca encontraron alguna señal de alarma.

 

Lo curioso del dolor es que venía en épocas muy distinas, a veces un mes sin accidentes y a veces a toda hora, a cualquier instante estaba ahí, ese dolor tan extraño, tan mío y tan ajeno a los demás; una cosa más rara aún es que casi cuando llegaba el otoño era seguro que aumentaba tanto en intensidad como en frecuencia e incluso había días en los que ni podía despertar sin que haya sentido una especie de golpiza en mi cerebro.

Quizá puedan decir que me volví un adicto a la tranquilidad que me daban las pastillas pero si en verdad ustedes pudieran sentir lo que yo, se hubieran dado cuenta que el dolor era irrestible y difícil de llevar en una vida cotidiana.

 

 

He gastado mucho dinero de farmacia en farmacia y me queda ya muy poco, a veces cuando el dependiente coje la caja de pastillas de me queda viendo quizá preguntándose si la dosis es solo para mí o vivo en una especie de sanatorio.

 

 

Sé que viene un nuevo dolor, pues al iniciar esta carta la inicie con una dosis fuerte de pastillas, lo curioso de este es que mi visión ya se empieza a aafecchar mi s cerebrooo se estaaa agandado croo áaal finnn hiceronml etecto.

 

Roberto Bernardo

bottom of page