Oración
El se sentó en un lugar cerca de un árbol, un lugar muy apartado de la vista de todos, cerca de él había un señor con ropa andrajosa, con zapatos maltratados y algunos agujeros que dejaban ver unos pies oscuros, quizá por el tiempo que habían caminado hasta ahí, su barba espesa y se un color grisaceo, sus manos encostradas no habían probado un jabón en mucho mucho tiempo. De repente el recibió un plato de comida de un desconocido. Su rostro se iluminó y el desconocido solo dio media vuelta y se fue.
El vagabundo se sentó en una silla de plástico, inclinó su cabeza cerró los ojos e inicio en voz baja
-gracias señor por los alimentos que he recibido, bendice los bolsillos de quién pagó está comida que voy a disfrutar, bendice señor a los niños, a los huérfanos y aquellos que no tienen hogar, a las viudas, a aquellas personas que están mal en el mundo, bendice también a los políticos, a los mandatarios, a los gobernantes, gracias señor amén.-
Cuando terminó, todos los que lo rodeaban, lo miraron por un momento, el vagabundo, sin embargo solo se limitó a comer, despacio, disfrutando cada bocado como si fuera el primero. Los demás lo vimos por un momento o dos y seguimos, quizá cada uno en su mente agradeció de igual manera, quizá en el pensamiento de nosotros también rezamos y agradecimos por aquella persona.
Cuando terminó agradeció de nuevo los alimentos, y se retiró, sólo, con su ropa, con sus manos encostradas, por esta noche su hambre se había apaciguado, sólo faltaba burlar el frío un día más, esperar a que el sol se pusiera por la mañana y esperar que para ese momento el látido de su corazón aún siga con él.
Roberto Bernardo.
