top of page

Pedro Javier Pérez

Diálogo entre Sordos

Para E. G. N

Que este mal entendido de hoy sea motivo de risa el día de mañana.

​

​

Hace muchos años escuché una frase que, en un principio, no le entendí pero que me causo mucha risa. Lo que no recuerdo es sí la oí decir a un amigo o quizás fue mi madre, quien la empleo en alguna ocasión. La verdad no lo recuerdo bien; sólo se que me dio mucha gracia su expresión. Decía algo así como “el amor de lejos es de pendejos”. He de confesar que las palabras soeces me dan no sé que qué cada vez que oía una yo aplaudía como foca. Sin embargo, el significado de la expresión se me hizo claro a posteridad. Ahora lo recuerdo y me da mucha gracia, pero en ese entonces sentí que en cualquier momento iba ser presa de un horrible ataque de ansiedad. Pero eso lo contaré más adelante. Lo crucial es iniciar por el inicio. ¿Dónde la conocí? Creo que, en la universidad, en alguna clase que tomamos juntos. Aunque no estoy seguro, porque a ella no la recuerdo en alguna clase. Tal ves sea porque en aquellos años me la vivía suspirando por Patricia, aquella chica que me traía como peregrino en el desierto. Si, tal vez sea por eso. Porque ella también estudio en la misma universidad de la que egresé yo, solo que de otra carrera distinta a la mía. O tal vez si coincidimos en alguna clase, pero en aquel momento no le presté mucha atención debida. Lo cual me parece raro, porque ella, en mi opinión, me parecía muy guapa y de las chicas guapas me fijaba cada que podía.

​

En fin, el punto es que en algún punto coincidimos, pero nunca nos dimos cuenta sino hasta después. Y fue en un lugar poco usual para mí, porque no suelo socializar ahí. Si mal no recuerdo fue en el Facebook o tal vez en otra red social, uno de aquellos días en los que me dedicaba a pajarear y dedicarme un rato al ocio. Cosa rara en mí, que la mayor parte de las noches me dedicaba a esa actividad, aunque tenía su justificación ya que la mitad del día me dedicaba a estar aislado en mi cuarto leyendo cuanto libro estuviera a la mano o haciendo intentos por escribir una novela que no le veía avance. Pero aquel día fue peculiar, porque mientras estaba sumido en mis ánimos bufones leí una publicación de ella que por alguna extraña razón me pareció interesante. Tanto que quise comentarle y para mi sorpresa ella me respondió. Su comentario me pareció franco, lucido y pensado; cosa que era extraordinaria porque la mayor parte de las veces los comentarios de la mayor parte de la gente de su gremio eran similares a los de un conjunto de primates porque hablaban con las vísceras. Ella, por el contrario, externaba opiniones que reflejaban a una chica que, detrás de esa pose de niña bonita, tenia algo de neuronas, cosa que para mí fue extraordinaria. Lo que no estoy seguro es si se lo hice saber; tal vez no, porque de lo contrario me hubiera hecho la platica por el Messenger. El caso es que por lo que leí de sus opiniones me llevé una buena impresión. De lo que tampoco recuerdo es de su nombre; cosa rara, porque suelo tener una memoria de elefante, incluso para momentos tan lejanos como los de mi tierna infancia. Lo que, si tengo presente, o al menos eso creo, es que coincidíamos en alguna fecha. Lo que no sé es si de mi cumpleaños u otro acontecimiento. La verdad no se y de esto tiene unos dos años.

Pero bueno, aquel día me entretuve unos minutos más en esa red y me salí porque la verdad no suelo pajarear por mucho tiempo ya que, para ser honesto, me aburro muy rápido. Así mismo apague mi celular porque también me distrae y la verdad no soy muy afecto a estar atado a una máquina que lo único que hace es que desperdicie mi vida teniendo tantos libros por leer en mi cuarto. Pero bueno, hice lo que debí hacer y a la mañana siguiente me llegó un mensaje de ella mandándome saludos. La verdad me sentí un poco raro por el mensaje porque no la recordaba de vista, pero quise devolverle el saludo y en la noche entablamos una conversación de la que me llevé la impresión de que ella me caía bien.

​

No recuerdo que tanto conversamos por ese medio; sólo sé que por una extraña razón le pase mi numero de celular por un texto, no se si de Marx o de algún pensador que en aquellos días estaba leyendo y que me pareció interesante compartirle. Creo que a partir de ahí fue que cada que podía le mandaba mensajes de texto para saludarla, ya que la afinidad que teníamos en común me dejo un buen sabor de boca. Pero lo que más me impresionó fue que ella me dijera que quería conocerme en persona, porque decía que le parecía una persona muy inteligente. Mucho después, cuando lo platique a unos amigos me llegaron a decir que mas bien me estaba inflando el ego para caer en alguna trampa; yo la verdad no se que decir al respecto porque no tengo elementos para probar eso. En fin, el punto es que me dejo con la curiosidad por platicar con ella en persona, pero nunca podíamos ponernos de acuerdo ya que o ella estaba ocupada los días que yo le proponía para vernos o cuando ella me proponía algún día era yo el que no podía. No se cuantos meses estuvimos así; solo recuerdo que pudimos vernos una sola ocasión antes de que concluyera el año. Si he de ser honesto, la primera vez que nos vimos fue un poco cómico porque si bien habíamos quedado de vernos en un punto, ambos no nos reconocimos al principio. Ella estuvo a punto de retirarse sino fue porque se me ocurrió mandarle mensaje por el Whatts App, que me contesto al instante. Finalmente me reconoció, en medio del tumulto, por una pista que le di en el mensaje: llevaba entre mis manos un libro, aunque no sé si de Benjamin o un manga de Ranma ½ que por aquel entonces leía con sumo interés ya que la historia de ese manga me daba mucha risa, porque pensaba que todos sus personajes eran unos reverendos idiotas. Pero bueno, aquella vez la verdad es que me sentí un poco tímido porque jamás me imagine que aquella chica, cuyo nombre no me acuerdo o que por alguna extraña razón no logré memorizar, fuera tan bella. Pero para colmo, tampoco recuerdo como era físicamente, a pesar de que nos vimos en varias ocasiones. Sólo recuerdo que era de estatura pequeña, de cabello rubio, delgada y con un cuerpo bien formado que cualquier imbécil suspiraba en la calle o babeaba cuando la veían pasar.

​

Desde aquel entonces y en ocasiones posteriores fui presa de las trampas que solía ponerme mi cabeza. Especialmente cuando no tenia nada que hacer o en los momentos menos esperados, como cuando estaba tan metido en un libro y de pronto mi cabeza me hacía malas jugadas fantaseando con ella. En momentos era placentero porque la intensidad era inaudita hasta que me topaba con la realidad de algún mensaje que ella me respondía. En ese momento sentía una extraña sensación de vergüenza porque una parte de mi sentía una extraña suciedad porque a ella solo la estaba deseando para un rato mientras que ella mostraba interés por lo que emanaba de mi cabeza. Lo que no recuerdo fue porque le dio por marcarme en las noches, vía Whatts App, para conversar conmigo. Quizás porque la mayor parte del día se la vivía trabajando y casi no había oportunidad de vernos porque también estaba ocupada los fines de semana. La primera vez que lo hizo me desconcertó, pero fue convirtiéndose en un habito y conforme íbamos platicando me hizo saber que ella le gustaba. No tuve otra opción mas que confesar que ella también me atraía y que el motivo por el que me mostraba tan tímido con ella se debía a que no hallaba la manera de decirle sin que se sintiera incomoda.

​

Hasta ese momento todo iba bien, hasta que un día, justo antes de que nos despidiéramos se suscitó este dialogo de sordos. Lo que no recuerdo es porqué. Creo que se debió a que ella creyó que yo le estaba demandado que fuera mas atenta conmigo. La verdad no era así, simplemente las veces que le mande mensajes ella me dejaba en visto y me dio la impresión de que más bien estaba charlando con un muro y no con ella. Aunque creo que también hubo otro motivo, que no recuerdo, por el cual de plano me bloqueo de sus contactos y me eliminó del Facebook. Pero no recuerdo qué fue. Solo sé que, en esa semana, queriendo mitigar ese malestar tuve la osadía de ir a un antro, o algo por el estilo. Me traté de ligar a una chica, pero cuando vi que ya llevaba más tragos encima me di cuenta que estaba desperdiciando mi tiempo en un lugar y un momento que no eran los propicios. Opté por acompañar esta chica a su guarida , quien en un momento parecía cascada porque sacaba  cantidades inmensas de vomito que hacían de las Cascadas del Niagara algo insignificante.

​

Después de dejarla en sus aposentos me regresé en un Uber a mi cuchitril, donde salí a la terraza a mirar a las estrellas mientras escuchaba una pieza de jazz. Fue en esos momentos que me di cuenta que con ella había tenido un dialogo extraño; casi cercano al lenguaje de señas. Solo que ninguno de los dos nos dimos a entender. Como no llevaba reloj de pulsera me deje prendido el celular para revisar la hora. Para mi sorpresa había dos llamadas perdidas. Era ella quien me había marcado. ¿para que habrá sido?

bottom of page